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Las ciudades se mudarán a las nubes

Nací en la ciudad de buenos aires en el año 1981, aunque a veces quisiera ser ciudadano del mundo. Un día me puse a pensar que significaría ser ciudadano del mundo y traté de reflexionar en cómo sería poder caminar sobre la faz de la tierra, moviéndome libremente e identificándome con un número único e irrepetible dentro de los más de cinco mil millones de habitantes al a hora de explicar simplemente quién soy.

Considerando que el surgimiento de las ciudades se ha dado como puntos de tránsito, de paso, puertos de entrada de concreto para llegar a otros puntos, resulta curioso pensar que, al día, las grandes metropolis se abarrotan de hacinamiento con tal de vivir allí. Sin embargo, puedo arriesgar, no estamos lejos de poder volver al campo, de vivir en el espacio o simplemente dar vueltas por las nube si claramente es clave en las estrategias.

Si la información de las organizaciones puede ser accesible bajo estándares de seguridad, desde cualquier lugar del planeta, será posible trabajar desde cualquier lugar sin necesidad de trasladarnos a las oficinas, por ende sin necesidad de conglomerarnos en urbanizaciones y movernos cual hormigas en hormigueros. Podremos vivir en el campo, rodeados de paisajes maravillosos, trabajando con herramientas tecnológicas que a través de ininterrumpidas conexiones a internet nos brindarán la información al instante. No nos cansamos de ver los beneficios de los buenos portales coporativos, el viaje de ida a nuestro teletrabajo desde un verde prado, la tendencia hacia las organizaciones sociales conectadas, no a tráves de pasillos despintados, sino por redes sociales itraempresariales, la comunicación del siglo XXI. No en vano hacemos hincapié en esto: si las concebimos como meras herramientas (un término casi despectivo para este tipo de soluciones), nos condenamos a una rutina reaccionaria, a la propia negación del arte de innovar, en definitva, a vivir mejor.

No existirán los comercios, compraremos todo por internet (sino lo estamos haciendo más de uno ahora). Los shoppings, fotos en libros de historia, en favor de más espacio verde. Los ministerios serán plataformas de información, con personas que nos atenderán por videoconferencia, trabajando junto a nosotros para llegar a nuestros objetivos como operadores sabelotodos . Nos virtualizaremos, seremos digitales y las ciudades serán simplemente lugares históricos, de paso y temporales. Hasta dudo que las nuevas generaciones puedan encontrarle algún sentido. Sobre todo los eco-friendly. El atraso de los países en su misión por el gobierno abierto será determinado ya por las principales señales de una entidad de sector público prehistórica.

Me puse a pensar, si hay algún impedimento por el cual podamos trabajar de forma virtual. El día que el wifi sea una disposición tan sencilla como lo son hoy cada una de las lamparitas en los cientos de miles de lugares en dónde hay un simple interruptor para prender la luz, habremos llegado a destino, cruzando el rio revuelto.

La información estará a nuestro alcance y nada podrá impedir conectarnos desde cualquier punto del planeta. Las ciudades, entonces, se mudarán a las nubes.

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